Publicidad:
La Coctelera

BIENVENIDOS AL HOTEL DE MI SUEÑO

Categoría: 302 habitación prosopoetica

2 Noviembre 2007

Que alguien apague la puerta y cierre la luz...
Que no quede nadie dentro.
Vámonos.

Fuera hace tiempo y aquí se ha perdido mucho.

ADIOS

PD: Magna... hasta nunca

servido por Ivan 2 comentarios compártelo

24 Julio 2007

El vértigo de la ola.

Usted el otro día me nombraba a Pavese para que me hablara de algo que él no sabía, que no podía comprender.
Yo hoy hablaré de algo que sé profundamente:
Lo podemos llamar el vértigo de la ola.

Algun agosto entre los diez o quince años en una playa almeriense
hoy olvidada, y sobreurbanizada, y llena de turistas me bañé.
Teniendo yo un cuerpo pequeño y grácil, un pelo rubio aun,
y siendo un niñito dulce y salado al que poco importaban los
terrores del mar, ni sabía de abismos ni chtulus, me bañé; En
contra de lo que me recomendaba la bandera roja.

El mar estaba movido y yo llevaba ya un rato bamboleándome entre la espuma arriba y abajo, cuando empecé a sentirme mareado y quise nadar a la orilla.

Bien. Ha comenzado el vértigo de la hola.
Usted verá primero como se le enreda el agua en los pies y tira hacia dentro, ante lo cual hará fuerza para salir hacia fuera, ante lo cual el mar irá con usted hacia fuera, y se le enredará el agua ahora en el cuello, y tirará hacia dentro, con la cabeza fuera usted habrá visto que las gentes, los parasoles y los carritos de lado, lejos, papá, mamá y los hermanos: Invisibles. Verá como se acerca a las rocas, durante ese instante, sin poder evitarlo, y cuando se ponga a gritar, zumm, tirará de ustedhacia dentro el agua, y entonces conocerá a la arena.
La arena es la segunda fase del vértigo de la hola.
Al menos para mi memoria la que más aterra.
En alianza, la arena, la ola, poseidon, gaya, los nudos de velocidad de las embarcaciones, la rosa de los vientos, sus ojos, su manos, sus piernas, su mente, se rendirán como fruta a la exprimidora, en una suerte de centrifugado total, y entonces el más fatal terror, la falta del aire. Antes de acabar esta fase habrá sacado y vuelto a meter la cabeza, sin ninguna comprensión del tiempo que llevas ahí, de si las rocas están aun más cerca y la familia más lejos, unas cincuenta veces sin ningun éxito.

La última fase es que alguien salta al mar, un voluntario, un valiente, una barbie o un kent, en esta situación da igual. La persona que salta es ahora Dios, y dará o negará la existencia.Llegan hacia usted, le sacan del abismo, le llevan en barca de pedales o en bote salvavidas ante su familia. Les cuentas avergonzado por falta de fuerza la odisea, y callas lo del vértigo para que no sufran mucho.

Al cabo de unos años alguien se lo recordará, y pensará en su amor, en donde está, con quién, qué hace, en si fiel o me estaré volviendo toro, y pensará que el vértigo de la ola aun puede hundirle, aún puede volver asfixiarle, ya sin ola,sin agua.

Tags: magna

servido por Ivan 2 comentarios compártelo

21 Julio 2007

(Un cuento diario)

DIGO

Digo negro, y no estoy hablando de un color, sino de ti vestida a cierta hora de la noche, y algunos parques de los niños a la misma hora, de las inmensas pupilas de los masturbadores solitarios que hay en los parques para niños a esa hora, que es como el negro, y no es un color.

Otras palabras son inamovibles, como la palabra Piedra;
Solo tipos especiales como Cristo o Leon Felipe han sabido ver esta palabra de otro modo. Han sabido dar un nombre con ella y han sabido ser ella.
Y para mi es en la sien y para ti es como un juego.
Jesus y Leon Felipe se echan la mano a la cabeza y dicen: Piedra no es inamovible.
Aparecen en escena Mahoma y sus montañas.
Viene el Golem de las calles doradas de Praga, suerte de la alquimia.
Lo corroboran.

Pero yo rasco y rasco la palabra piedra y me duelen los dedos, y me quemo las uñas y no saco el corazon que dentro esconde.

Tags: magna

servido por Ivan sin comentarios compártelo

14 Julio 2007

Sueño.

Impresión cuarta.

Allí donde en esta tarde roja confluyen las nubes es ahora posible que se esté formando una tempestad, tambien es posible que dure para contar varias eras, y es posible tambien que se dirija hacia mí, mi isla, y nos arrase; A mí y a ella. Con algo de bambú, como haria cualquier asiático, y unos maderos que arreglo de unas ramas me hago una balsa. La tiro al mar y me dejo llevar por el viento. No se cuanto ha pasado, no se lo que es el tiempo desde que llegué a mi isla. Eso si, tengo un reloj parado a las doce desde entonces.

La balsa choca con algo. Un bloque de hormigon y alquitran se amontona entre mis pies y a medida que levanto la vista se va formando una carretera, que se extiende ante mi hasta el infinito.
Detrás, el mar. Aquí una orilla de carretera hacia no sé donde.
Un pie delante del otro, y así de nuevo, echo a andar.
A *Ambos (hay que saber usar esta palabra) lados hay cadaveres
de todo tipo. Los arcenes son una escombrera de cuerpos.
Gente que antíguamente llegó a este lado del sueño. Puso un pie delante del otro, y así de nuevo y echaron a andar. Claro, ellos quisieron llegar muy lejos con sólo la memoria y los pies. Pero olvidarón el olvido y que el asfalto hace que el cuerpo cada vez pese más y acabe destrozado. Olvidan su pasado y con él, presente y futuro. Se descubren exhaustos perdidos en una carretera perdida, sin saber qué demonios buscaban, de donde diablos venían, cuán infernales eran. Se sentaban a un lado a pensar y claro, el pensamiento en blanco los acababa por consumir.

Yo llevo un tarro con arena de mi isla. Bien se de donde vengo, porqué estoy aquí; Huyo de una tempestad terrible como un niño,
y mi futuro será la consecuencia de estar haciéndolo.
Camino hacia lo que parece el futuro con mi isla entre los dedos, no puedo estar más tranquilo entre tanto escombro. Si me canso me siento unos minutos a observar a mi isla, sonrío, respiro profundo, y sigo caminando. Y pronto llegaré a algun lado. No tengo miedo de esta parte del sueño. Hay puertas para salir por todos lados, hay que estar bien consciente para verlas. No quiero salir. Llegaremos... "No tengo miedo de los presentimientos, tampoco me asustan las señales", Pienso mientras el asfalto aprieta para hundirme en él, "No existen la oscuridad, ni la muerte, todo es inmortal", pienso mientras camino este camino. "Yo soy de los que recogen sus redes cuando viene, en cardumen, la inmortalidad"; No podría dar un paso más si jamas hubiera leido ese poema. No podría ser valiente sólo con una porción de mi isla.
Pero los tengo a ambos, isla y poema.

Mi inmortalidad me hace arribar a un cruce con catorce caminos. El más sombrío siempre llega a un lugar hermoso. Lo se por el gran pez.

Echo a andar.

servido por Ivan sin comentarios compártelo

13 Julio 2007

(Un cuento diario)

LA MUDANZA

Decidí, con mis propias manos, tomar la caja.
Llevaba toda la mañana mirándola. Perfectamente cúbica. De cartón.
Aburrida; como cualquier caja.
No pesaba tanto, a pesar de todo lo que llevaba dentro o teniendo en cuenta lo cansado que estaba yo después de toda la mañana observándola. Pesaba como cualquier caja que lleva libros dentro. Condenadamente, pesaba.
Dirigí mis pasos, uno a uno, como si caminara por una galería de los horrores nostálgicos, hacia la puerta. El cuadro del poeta. Los pelos de Hector y del perro por todos lados. La única ventana de la casa, prodigio de la luz o del frío, paso tras paso. El viejo tocadiscos, la chimenea silenciada desde el invierno,
el desconchado de la pared de aquella vez que jugamos al amor sobre la silla, la silla,
paso tras paso, todo se despedía de mi como una voz en off.

El lugar donde estuvo el cuadro está vacío.
Las esquinas de los animales, desiertas.
Los electrodomésticos roncan.
(Me llevo en otra caja el reproductor de vídeo y la televisión
para poder seguir viendo siempre que me plazca aquella película
del submarino alemán)
Lo que fue ya no es.
Lo que estuvo, no está.

Cruzo la puerta a la calle dispuesto a una nueva aventura.

Tags: magna

servido por Ivan sin comentarios compártelo

9 Julio 2007

Otro Gato Negro.

Capitulo dos. Desenlace. Persecución.

Sentado sobre una piedra bajo un olivo descanso. El gato debe estar cerca, pero ya no lo veo. Me quedan unos diez minutos de camino a casa y hace cuestión de unos dos o tres
Aún lo oía caminar cerca mío. No lo veo y eso me escama. Busco en el fondo de mi mochila, atún, un trozo de pan, cualquier cosa endemoniada que haya llamado la atención al gato. No tengo nada. Mi mochila siempre está vacía de comida. Soy delgado y ni siquiera es esta la razón de estarlo. Es mi complexión, dicen siempre.
El gato debe querer algo de mí. Arranco un hilo fino de la camisa, me falta ovillo para satisfacerlo. No se que querrá este condenado gato que me sigue desde el Alba. Y ya despunta la tarde… Y estoy en mitad del campo, con el gato agazapado seguro en una esquina, pero rondándome aún: Lo siento en el alma. Tengo miedo a levantarme de la piedra, desde aquí controlo los cuatro puntos cardinales, y más si los hubieran. No veo al gato. Siento que aquí estoy seguro pero pronto anochecerá y no veré nada, ni subido
A esta piedra blanca, vieja y llena de musgo. Pero se que necesita algo… Y yo no tengo nada que darle.

El cielo empieza a cubrirse de estrellas, lo que me dice que ha llegado la noche…
Huyo. Huyo con toda la fuerza que me dan mis pies delgados. Ya no me sentiré seguro
Más que en casa. Corro sin saber qué dejo atrás o qué tengo delante, casi cerrados los ojos, con el alma abierta al temor, corro. Tropiezo con una piedra que llega a la altura de mi cintura: Me destrozo las rodillas y caigo, pero el temor no me permite pararme a sufrir el dolor y temo que el gato negro me acecha, me incorporo, rodilla sangrante y sigo corriendo hacia el cortijo. Vuelvo a tropezar y, ahora, se han caído también las llaves. Las busco en el suelo, entre la oscuridad negra, negra, como el gato que se esconde quizá entré las piedras. Sigo una fila de hormigas que vislumbro a luz de luna
Y se meten directamente debajo de una piedra, la levanto y allí, entre gusanos y hormigas están las condenadas llaves. Las cojo mientras salto en dirección al cortijo
Y vuelvo a correr; ya veo la luz de la casa del casero. Pero me temo que el gato estará
Esperándome en la puerta. Como una estatua que amenaza. No hay problema, me digo,
No hay gato, pienso. Pero me tiemblan las piernas del miedo y la respiración mientras corro se me acumula como un asma no deseado, y me duele el costado como una espina
A un poeta, aunque espina no rime con dolor. Sufro por el temor a su avalancha…

El gran portón es un desierto de arena donde el agua es un gato negro. No hay oasis, no hay gato. Nada. Sólo el polvo que se acumula por el abandono y la luz tenue de un farol antiguo. Coloco la llave, giro. Miro hacia atrás, suspiro. Nada. Pero al abrir la puerta
Una sensación de mala compañía me recorre el alma. Se que no estoy solo. Olvidé cerrar la ventana del torreón, así que corro escaleras arriba. Es el único modo de que el gato pudiera haber entrado. Nada. Está cerrada. Bajo ya más tranquilo pero aún con esa sensación en el alma. Bajo los escalones está la leña y al fondo la chimenea, en el rincón más oscuro de la casa. Tomo dos pedazos de leña y los lanzo a la chimenea, carbón vegetal, algo de papel, madera, fuego y al primer vislumbre de luz escupido por la chimenea, la sombra del gato, sobre esta. Se me sobresalta el corazón. Se me sale del cuerpo, el alma se me encoge. Ahí está el gato negro que aplasté en la carretera.
Algo quiere. No se que será. No tengo nada. Es tarde. Me siento frente a él, mirándolo,
Temo por mi vida, no puedo dormir… No puedo dormir… No debo… Me duermo.

servido por Ivan sin comentarios compártelo

13 Junio 2007

An other Black Cat

Capitulo uno.
Principio.


No es por Sir Edgar Allan Poe. No es por él, pero el gato
negro me persigue.

Supongo que si hubiera un gato blanco cerca estaría más
tranquilo, pero no.

Sólo yo, el campo, los árboles, y el gato negro, que aprovecha
las sombras de

Los olivos y salta de una a la del otro cuando advierte que
el sol me deslumbra

Y, bien sabe, no advertiré su movimiento.

No es el primero; los días pasados en la ciudad, cuando
íbamos en el coche, y hablo de todas las noches desde hace seis, al pasar por
la comisaría y saliendo de un descampado, un hermoso gato negro se nos cruzaba
mirándonos. La última noche no se porqué demonios no salió del descampado, o no
lo vimos, pero no había ningún badén en el lugar donde el coche saltó, y por
muy ebrios que fuéramos sabía que habíamos hermanado las vísceras de algún
animal con el asfalto. Miré hacia atrás, una mancha negra se movía en el suelo,
y calle abajo algo como un río rojo se deslizaba como una pincelada de óleo
cayendo por un cuadro blanco, sobre blanco, pero de noche. Mi amigo conducía,
no se porqué no se dio cuenta, no le dije nada y jamás hemos hablado del hecho
de que el gato se cruzara hacía tantos días, en el mismo lugar, siempre he
pensado que no es bueno hablar de las supersticiones, pero es menos bueno
ignorarlas, o no creer en ellas. Tampoco pareció darse cuenta de que lo
habíamos matado.

Yo a raíz de ahí ya andaba preocupado. Y desde que llegué al
pueblo de mi madre a pasar unos días esta mañana, a la altura de la fuente se me
había cruzado un gato negro,

Y lleva siguiéndome, casi discretamente, desde entonces:
Hace rato que ando despacio. Sus ojos amarillos. Los veo brillar entre arbustos,
y oigo el fuelle de sus almohadas en la hierba, oigo que se desliza, por mis
alrededores, como el alma de un tigre que ha tomado vida, y es negra, negra,
negra cazadora. Sufro por los costados el temor de su

Avalancha, de frente temo por mis ojos y mi cara… Y detrás
sufro por mi vida:

No se puede dar a un gato negro la espalda en plena tarde de
un julio caluroso.

No si sólo estáis la naturaleza y el gato y tú, con ella,
como parte de ella, de fondo un espectral
silencio mortífero, sólo turbado por un ronroneo oscuro y lejano, como

Salido de un alma antigua y negra...

Queda poco para llegar al cortijo, y estoy bastante cansado.
A veces incluso cuándo ya has visto el destino y sabes que casi una piedra
llegaría lanzada con poca fuerza, aun así

has de detenerte, ya por cansancio, por desesperación, por
sofoco, o, como yo, por miedo. Pero siempre, sobre todo en este último caso, lo
mejor es seguir y llegar al hogar… Yo debía saber que quería el maldito gato.

servido por Ivan sin comentarios compártelo

10 Junio 2007

TITAN

Su nombre era Luís pero sus amigos lo llamábamos

Titán y sus amigas no lo llamaban, porque no tenía.

Era grande gordo y torpe, por eso lo llamábamos así.

Un día se enamoró de
la quiosquera del colegio,

Iba a comprar bollycaos con la excusa de la

Pegatina, y bueno, a los tres o cuatro días tuvo

Los brazos y las piernas cubiertos de calcomanías

Y al quinto le dio un chungo mientras compraba

El cuarto bollycao del día porque la piel no le

Transpiraba bien. Que la dueña del quiosco saliera

A hacerle el boca a boca a Titán fue una cosa

Muy graciosa para todos nosotros, conocedores

Del amor que este profesaba hacia ella, y quizá

Para él fue su única experiencia sexual con una

Mujer, porque dos meses después jugábamos

En la vía y un tren lo arrollo durante unos cien metros.

Creo que era un cercanías, da igual, porque para mí

Lo más importante a día de hoy, y mi recuerdo más claro

De Titán, es que aprendí que cualquier beso era posible.

servido por Ivan sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de Ivan

BIENVENIDOS AL HOTEL DE MI SUEÑO

Nevermore, Estados Unidos de América
ver perfil »
contacto »
¿PERO QUIEN ES REALMENTE IVAN MALEVOSKI? ¿Un rapero cabreado? ¿Un loco bizco? ¿O es símplemente un payaso?

Fotos

Ivan Malevoski todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera