Elena y el devenir.
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Elena tuerce la casa sobre su espalda,
Desnuda, y deleitan los haces inventados
De luz, que convierten su espalda en aceite.
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Elena reconoce el fin del viaje.
Viste sus pies ( y yo voy muriendo).
Todos sus dedos son el deseo de las aves.
Ella invoca al pájaro amarillo
Y de su pecho, aleteando, este emerge.
Se pone los zapatos, lentamente,
Ella aceptó que todo se ha de andar,
No mira la hora, pero sabe que es la hora.
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Las aves caprichosas insisten en desgarrarla
Pero el pájaro amarillo ya es para estas
Herida
Y cicatriz.