Andábamos mojados en la literatura
Y otras cosas obscenas unos diecisiete hombrecillos
Casi todos con el cuerpo flaco o delgado o de constitución
Normal pero todos con un cuerpo, al menos, con que pasear
Nuestras lenguas y la maquinaria y el resto de piel y arterias.
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También había damas bien metidas en estos aquelarres de libros,
Cuadros, fotografías alemanas, música sueca con timbales, o inglesa
Con sintetizadores y dj´s y etcétera, pero de ellas no os pienso hablar por ahora.
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Casi todos íbamos de la mano de nuestras seseras,
Arrastrábamos las ideas enmarañadas en nuestros pelos, largos,
Cortos, pero siempre sucios o poco limpios, o limpios de hace mucho.
Si no teníamos uno o dos perros, o una iguana o un loro parlante, o un hamster
Teníamos un canario o un pececillo de colores porque habíamos oido que daban
Mala suerte.
Las mujeres eran otra cosa que teníamos,
Nosotros éramos otras cosas que tenían ellas,
Y ahora no os voy a hablar de esto.
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Poseíamos una hermosa idea de exclusividad,
Con razón, todos flacos o con perros o loros pero únicos
Y exclusivos inexplicablemente. Trabábamos lazos de palabras
Nuestras con palabras nuestras y sonidos que parecían voces de amigos.
Al margen de todo esto estaban nuestros padres, que poseían la exclusividad
De nuestros ombligos.
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Las noches eran quizá las culpables,
Con nuestros lápices blancos insomnes dibujábamos
Estrellas mientras desde las ventanas de enfrente los ronquidos
De los vecinos dibujaban sobre nosotros calaveras y signos de admiración.
La fragua ardía a la izquierda o a la derecha o en la esquina donde la araña tejía,
Y todas las ideas, con todos los colores que a la vez iban desapareciendo tan raudos
Por los agujeros negros.
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Quizá si uno dolía de algo, cualquiera de los otros dieciséis
Buscaba ese dolor desesperadamente para aplacarlo con sus versos,
Quizá. Pero éramos diecisiete por aquí, si abríamos camino y salíamos
Del centro de la ciudad el número ampliaba sus expectativas y se salía del margen.
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Con lo cual, quizá si uno dolía, o sufría
Jamás, por la lejanía o por no conocerse,
Ninguno de los otros podría aplacar su dolor.
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Quizá todos estábamos solos,
Con todos, completamente.

diecisiete poetas locos no alcanzan para tapar una sola carie ni un pequeño hoyo en el muro ni la soledad que siempre es exclusiva cual vestido de diseñador
laura