Zoo o cartas no de amor (V Sklovski) Carta primera
Dirigida a todos, a todos, a todos. Tema de la carta Las cosas rehacen al hombre
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Si tuviese un segundo traje, nunca habría conocido el dolor.
Al llegar a casa, cambiarse de ropa, arreglarse, es suficiente para sentirse otro.
Las mujeres usan este método varias veces al día. Cualquier cosa que digais a una mujer, intentad obtener una respuesta inmediata, si no tomará un baño caliente, se cambiará de ropa, y habrá que volver a empezar desde el principio.
Despues de haberse cambiado de ropa olvidan hasta los gestos.
Os aconsejo, insistentemente que obtengais de las mujeres una rápida respuesta. Si no, a menudo, os tocará permanecer desconcertados ante una nueva, inesperada, palabra.
En la vida de la mujer apenas hay sintaxis.
En cambio el hombre es transformado por su oficio.
El instrumento no sólo prolonga la mano del hombre, sino que hasta ese se prolonga en él.
Dicen que el ciego localiza el sentido del tacto en la extremidad de su baston.
Yo no siento un particular afecto por mis zapatos, pero a pesar de ello son una prolongación mía, parte de mí.
El bastón cambiaba al escolar y le fue prohibido.
El mono en la rama es más sincero, pero la rama tambien influye en la psicología del mono.
La psicología de la vaca lechera, que camina sobre el hielo resbaladizo, se ha hecho proverbial.
Más que cualquier otra cosa al hombre lo cambia la máquina.
Leon Tolstoi, en guerra y paz, cuenta como durante el combate el tímido y modesto artillero Tusin acaba hallándose en un nuevo mundo, creado por su artillería.
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El ametrallador y el contrabandista son la prolongación de sus instrumentos.
El metro subterraneo, las grúas y los automóviles, son prótesis de la humanidad.
He llegado a pasar algunos años entre los chóferes.
Los chóferes se transforman segun la potencia de los motores en los que viajan.
El motor superior a los cuarenta caballos ya destruye la vieja moral.
La velocidad aleja al chófer de la humanidad.
Enciendes el motor, das gas, y ya has salido del espacio, mientras el tiempo parece medirse sólo con el taquímetro.
El automovil puede hacer en carretera más de cien kilometros por hora.
Pero, ¿Qué objeto tiene esta velocidad?
Solo es necesaria a un perseguidor o a un fugitivo.
El motor arrastra al hombre a lo que precisamente es llamado delito.
Por fortuna el chófer ruso es habitualmente tambien buen trabajador.
Viaja por caminos que recuerdan olas, repara el coche en la estepa, cuando el frío y la bencina congelan las manos.
Pero por otra parte el chófer no es un obrero: en el coche está solo.
Su coche le emborracha, le emborracha la velocidad, lo saca de la vida.
No olvidemos los méritos del automóvil de cara a la revolución.
El regimiento Volinsky(1) no se decide inmediatamente a salir del cuartel.
Los regimientos rusos generalmente se rebelaban inmóviles, a pie firme.
Los decembristas fueron derrotados antes de dar sólo un paso.
Los hombres del Volinsky abandonaron los cuarteles, pero estaban indecisos. Otros les salían al encuentro.
Los regimientos se juntaban y se detenían.
Para entonces ya las puertas de los garajes eran derrumbadas a pedradas, y los obreros, al mando de los coches, volaban con sus bocinas por la ciudad.
Habeis esparcido la revolución por la ciudad como la espuma, ¡Oh, automóviles!.
La revolución apretó el embrague y se puso en marcha.
Los muelles cayeron, cayeron los guardabarros de los coches, los coches perdían la carrocería por la ciudad y donde había dos parecía que hubiera ocho.
Amo a los automóviles.
Entonces todo el pais fue sacudido. La revolución pasó a traves de un periodo espumeante y se fue al frente y a los campos.
Pero los coches proseguían su camido, su vida.
En los automóviles viajaban los que guiaban al país.
Pero tambien subian los que sólo guiaban los coches.
Quizá por separado.
Quizá saqueaban lo que se presentaba y donde se presentaba, el botín no era grande. Pero a veces la velocidad se basta a sí misma.
Requisaban el alcohol.
Se hacía de dos maneras.
O mandaban secretamente un comprador y cuando aparecía el alcohol irrumpían con un fantástico documento y lo requisaban todo o buscaban un comprador y le requisaban el dinero cuando lo enseñaba.
El alcohol que vendían los chóferes era especial, con bencina y otras sustancias dañinas para hacerlo imbebible, y con eso funcionaban tambien los coches.
Porqué Bakú quedaba muy fuera de nuestro alcance.
En aquel tiempo en Rusia solo había una pena: la de muerte.
La pena de muerte formaba parte de la vida cotidiana.
Llamaban a las pistolas spalery.
Del argot spaler, que en hebreo significa<
En una casa donde se despachaba vodka había colgado siempre un cartel en la puerta: <
El dueño llevaba un delantal de tela.
Para él la pena de muerte era una norma: su actitud hacia ella era la de un alemán hacia una multa.
Entretanto el país se cristalizaba.
Las velocidades se contenían unas a otras.
Aparecieron el bono y el salvoconducto.
Los amantes de la velocidad más fuertes estaban en el frente.
Y la velocidad quedó justificada.
Pero en la negra Moscú, en la negra Moscú roja, donde las calles se petrificaron, enrollándose en torno al Kremlin, como se enrolla la masa en torno al rodillo, se iba a pie.
La ciudad era de peatones.
Pero apareció una banda. Grandes coches negros avanzaban a lo largo de las aceras, silenciosos y juntos.
Elegían.
A veces elegían una mujer, la agarraban, la arrastraban al coche y se la llevaban con la velocidad que sólo puede proporcionar un automovil, cuando está loco.
Conducían a las mujeres fuera de la ciudad y las violaban.
Moscú siguio así durante unos días.
Violaron a otra mujer, más tarde, durante el proceso esta contaba
-Estoy de pie y tiemblo, con el abrigo de pieles en la mano.
El chófer dice: -Póngase el abrigo, señorita.
Era una señorita.
-Me lo vais a quitar igual.
-No somos ladrones.
Pero otros hombres que poseían la velocidad cogieron a la banda.
Fueron procesados, admitieron, y a la pregunta: -¿Porqué lo hicieron?-,
Solo respondieron: -Nos aburríamos-.
Los mataron.
No conozco sus nombres y no les defenderé.
Pero yo, que conocía la velocidad y conocía su finalidad, quiero decir algo.
No es discurso funebre.
Estos hombres, de ciudad, no eran peores que los demás.
Eran mecánicos, que sabían reparar los coches y lo frío que es el hierro con el hielo.
La velocidad del motor y el sonido de trompeta de la bocina les ha hecho salirse del camino.
En medio de un moscú de peatones, el coche arrastró al chofer al delito.
El arma hace al hombre que la porta más valiente.
El caballo torna al hombre en jinete.
Las cosas hacen con el hombre lo que él hace de ellas.
La velocidad exige una finalidad.
Las cosas crecen en torno a nosotros, ahora hay diez o cien veces más que doscientos años antes.
La humanidad las domina, un hombre solo no.
Es necesario poseer personalmente el secreto de los coches, es necesario un nuevo romanticismo, para que estos en las curvas no arrojen a los hombres fuera de la vida.
Yo ahora estoy desconcertado, porque este asfalto arañado por los automóviles, la publicidad luminosa y las mujeres elegantes, todo esto me transforma.
Yo aquí no soy lo que era, y a lo mejor aquí soy malo..
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(1) Primer regimiento de la guarnición de Petrogrado que se pasó a la revolución (febrero de 1917)
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Victor sklovski-

¿PERO QUIEN ES REALMENTE IVAN MALEVOSKI?
¿Un rapero cabreado?
¿Un loco bizco?
¿O es símplemente un payaso?