Ayer escribí tanto que hoy ya no se qué escribir,
Si hacerlo sobre la espina o la rosa carmesí,
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Escribir los huracanes que asolan mi territorio
O si hablar de la mañana, cuando el sol abre su emporio.
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Me siento tan desolado que escribiría sobre eso
Y a la vez tan excitado que resultaría un exceso.
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O lo haría sobre el hambre, sobre mi patria, la ira,
O lo haría sobre el poeta que descansa de su lira.
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Trataría los elementos del primer beso hasta el rayo,
Hablaría de las aves y animales del serrallo.
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No puedo escribir de amor, como en cartas no de amor,
No porque el frío lo prohíba, sino porque se acabó el calor.
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Mi amante aun no ha despertado de dormir su dulce sueño,
No puedo escribir entonces que ahora yo fuera su dueño.
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En serio, no encuentro fuerzas para escribir el poema,
Las palabras son el fuego y la lengua se me quema.
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Podría hablar hasta la noche de los destrozos del alma,
Podría hablar, tras los destrozos, de la sosegada calma.
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Podría hablar de la Alpujarra o de la Sierra de Gredos
¡Hay tanta página en blanco en la punta de mis dedos!